Los Radiadores

Los Radiadores empezaron en 2010 con la clara intención de aproximarse al rock ´n´roll desde una perspectiva propia, asimilando sus influencias y consiguiendo un sonido característico y personal.

Como nos cuenta Kepa Arbizu en la nota de prensa de su nuevo álbum: “Si Don McLean, hace ya más de cuarenta años, hizo mención velada a la fatídica desaparición de Buddy Holly en su icónica canción “American Pie”, ahora, desde Valencia, Los Radiadores elevan la figura del mítico músico hasta situarla como título de la canción que anticipó su nuevo disco -el tercero en formato largo- “Los perros ladraron”. Un adelanto que contenía un oscuro, sobrio y castizo ritmo de guateque que ya expresaba la confirmación de que la hasta ahora fórmula de la banda, acaparadora de cualquier género dominado por las fuertes guitarras y emparentado con el rock ‘n’ roll, se propagaba a base de nuevos matices para, aunque pueda sonar paradójico, mostrarnos al cuarteto en su esencia más pura además de detallada.

Arropados por esa guardia pretoriana en la que parece haberse convertido los estudios El Sótano y su jefe de mandos Dani Cardona, y lanzados al exterior por su sello-hogar Bonavena Música, al que esta vez se suma Trilobite Records en la versión vinilo para los amantes del giro de los surcos, la formación se muestra con un nivel tal de estabilidad y confianza que se saben capaces de realizar con éxito la pirueta de expresar su estilo de manera más variada y expansiva. En ese tránsito perfilan y miman los elementos ya constituidos como característicos en el grupo a la vez que pulen y ponen dedicación en ofrecerle un mayor y más versátil campo de acción a su instrumentación.

Pero no busquen estridencias en ese desarrollo, porque las guitarras y el ceño fruncido punk siguen siendo parte esencial de este proyecto, ya sea desde el descaro de Los Nikis o los primeros Siniestro Total (“Marte ya no nos quiere”) como bajo el afilado manto que destila esa manera de interpretar de Raúl Tamarit, singular y honrosamente deudora de los fraseos de Eduardo Benavente, en “Sin saber qué hacer”. Relevante resulta también el verbo agrio, críptico y/o irónico a su particular manera, que en esta ocasión impacta, con la crudeza de la mejor escuela “enemiga”, contra las ruinas de los medios de comunicación en “Estás de suerte”.

Destellos afilados y cortantes que van a tener un contrapunto, a la vez convertido en el pegamento ideal para completar y redondear un álbum que grita y esta vez también susurra, en situaciones sonoras más reposadas, quizás todavía influjo de Galavera, proyecto del cantante junto a Vanessa Juan, concebido en tesituras mucho más poperas. Porque si “Más no te puedo dar” toma la forma de una nana psicodélica, con sus desvelos en forma de arrebatos eléctricos, no menos “niñera”, sobre todo atendiendo a su contenido, es el agradable medio tiempo de “Felicidad”. Constructos ambos con alma de ensoñación que tienen su continuación y exaltación en la épica nostálgica, muy 091, de “La última función”. El diálogo entablado entre las retorcidas guitarras de “El Joven” y la pétrea base rítmica de Sergio Domingo y Vicente “Metralla”, en contraste con una insinuante estructura recitativa ochentera, cierra por medio de “Cuerdo de atar” un disco que sabe atinar con precisión y remitirnos directamente al pasado, presente, y quién sabe si futuro, de Los Radiadores.”

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Foto: Josep Escuin